Hijos violentos: debate postergado sobre la violencia intrafamiliar

La imagen tradicional de la violencia intrafamiliar es la agresión de padres hacia sus hijos, o entre los padres. Pero en los últimos años ha aparecido una faceta distinta : los niños y niñas que golpean o insultan a sus propios progenitores. Cifras no oficiales de la Fiscalía Nacional dicen que en 2013 hubo en Chile 10.476 denuncias de este tipo.

Hijos violentos: debate postergado sobre la violencia intrafamiliar
Escrito por Bastián Garcés

El término violencia filio-parental es definido como “cualquier acto de los hijos para obtener poder y control, que genera miedo en los padres y que tiene como objetivo causar un daño a estos, ya sea de forma física, psicológica, emocional y/o financiera”, según Barbara Cottrell, educadora canadiense y la primera investigadora en abordar esta temática en el año 1995. Veinte años después, varios países han comenzado a realizar investigaciones acerca de cuántos padres son afectados por este tipo de violencia por parte de sus hijos y cuál es el motivo que está detrás de este fenómeno. Realidad completamente distinta a la que sucede en nuestro país, donde aún no hay cifras oficiales de parte los organismos gubernamentales. El primer estudio comenzó a realizarse en 2013 y se extenderá hasta 2016.

La única cifra no oficial que se puede obtener en Chile sobre este problema es de la Fiscalía Nacional, que en 2013 recibió 1.821 denuncias por parte de padres y madres en contra de sus hijos menores de edad por agresiones en tribunales chilenos. En el mundo desarrollado, por el contrario, ya se han realizado estudios concretos que han determinado que en países como Estados Unidos y España el 10% de los hogares sufre este tipo de violencia.

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En Gran Bretaña, un canal de TV emitió este mes una serie de reportajes sobre el tema, con testimonios de familias y opiniones de expertos. Los 'niños violentos' ya son un tema de debate en ese país.

El primer estudio sobre el tema en Chile

Esta poca iniciativa para investigar el fenómeno motivó a Paola Ilabaca, doctora en psicología e investigadora del Centro de Estudios CIELO de la Universidad Santo Tomás, a realizar el primer estudio sobre el tema, titulado “La violencia filioparental: un estudio exploratorio de su prevalencia y factores explicativos”, financiado por el Consejo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT) y que durará 2 años (2014 – 2016).

La psicóloga dio a conocer está investigación en una carta dirigida al diario electrónico El Mostrador el año pasado, en donde además comentó que una de las motivaciones del estudio se debía a que “en los últimos años, y más allá de nuestras fronteras, se está prestando especial atención a otro tipo de violencia intrafamiliar, a aquella ejercida contra los progenitores por parte de sus propios hijos”.

La madre: la mayor afectada por esta violencia

Según los datos de la Fiscalía Nacional, el 72% de los agresores infantiles son varones. Una cifra que en caso de los agredidos se invierte: el 68% de las víctimas son las madres y sólo un 38% padres. Esto nos da a entender la existencia de un correlato de la violencia donde la la mujer, la mayor parte de las veces, es la víctima de la agresión.

No obstante esto sólo considera denuncias realizadas por el padre y la madre, lo que excluye otros integrantes familiares y hechos de violencia que no son denunciados, por lo que las cifras, eventualmente, aumentarían.

La investigadora de la Universidad Santo Tomás explicaba en la carta dirigida a El Mostrador que muchas veces el desconocimiento de las cifras reales se debe a que los padres ocultan estos hechos debido a los sentimientos de culpa y vergüenza y porque, generalmente, creen que los conflictos familiares deben mantenerse en el ámbito privado.

Dos miradas para un mismo problema

“Las agresiones del adolescente (en sus distintas formas y tipos) hacia sus progenitores buscan obtener ese poder y control, el cual es ejercido a través de distintos tipos de violencia: física, psicológica, verbal o incluso, financiera. Los jóvenes que ejercen estas agresiones no presentan rasgos muy distintivos. Más bien son chicos/as que 'parecen comunes' y proceden de todos los niveles socioeconómicos. Sin embargo, hay algo que sí comparten todos ellos/as: la mayor parte de sus conductas violentas son ejercidas sólo y exclusivamente en el ámbito familiar”, explicaba Ilabaca al hablar de las causas de la violencia de los niños en contra de sus padres en la misiva dirigida a El Mostrador el año pasado.

Sin embargo, para Víctor Tapia, psicólogo del Liceo de Aplicación, esta situación no es tan así y hay que entender primero qué es el concepto del niño. “El niño es una invención del siglo XIX,.Antes no existía porque era considerado un miembro más de la familia que trabajaba.Luego el psicoanálisis y otras corrientes de la modernidad empiezan a incluir al niño y hoy en día se transforma en un objeto que se transa en el mercado”, lo que para el psicólogo ha generado una fijación en la infancia y una construcción canonizada de cómo tiene que ser.

“Actualmente se ha producido un quiebre entre lo que se espera del niño y lo que es en realidad”, continúa Tapia. “Se espera que sea inteligente, ordenado y bonito, como una foto, y que no se salga de ahí, por lo que en el momento en el que se sale de esos parámetros se quiebra la estructura”. Para este psicólogo, más allá de ver la consecuencia -que es la violencia- es necesario entender a qué se debe esa violencia en contra de sus padres u otras figuras de autoridad. Sobre esto recuerda una vez en la que le tocó atender a un joven boliviano que había sido atacado por su profesor, ya que el niño lo había golpeado porque éste había realizado chistes xenofóbicos en contra de Bolivia.

“La violencia es constitutiva del ser humano, sobre todo en los niños, porque hay menos sociabilización y no logras encauzar esa violencia en una respuesta más abstracta, porque no ellos tienen como responder. Los adultos escriben libros, lo niños rompen cosas, porque los primeros son más abstractos y los segundos mucho más concretos”.

Si bien ambas miradas apuntan a diversas causas de la violencia, hay otro elemento que hace falta en este debate, referido a cómo el sistema puede ayudarles a enfrentar y sobreponerse a este tipo de situaciones, ya que la violencia no es sólo una causa de un problema que afecta a los menores sino que también a todo su entorno. Por eso  debe ser investigado para poder entregar herramientas que la detengan a tiempo y permitan entender una infancia que tiene múltiple aristas.

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