Somos pareja antes que todo

No hay fórmulas mágicas y sencillas para tener una relación de pareja duradera. Cualquier persona que le diga lo contrario lo está engañando.

Martes 1 de marzo de 2016

Somos pareja antes que todo
escrito por

Luis González, Psicólogo clínico y académico Universidad San Sebastián

Es desafiante estar con otra persona a lo largo de la vida, navegando a través del ciclo vital y la crianza de los hijos, oscilando entre el trabajo y el cuidado de otros, conversando, haciendo compromisos y respetándonos, perdonando, entre el deseo y el proyecto, entre la resolución de los propios fantasmas inconclusos del desarrollo personal y la necesidad de un(a) otro(a) maduro(a) y entero(a), en el contexto de la vida social, poniéndose en el lugar de la otra persona y siendo también una persona individual, con tiempos que no son nunca suficientes y por ende, con algunas o nuevas necesidades siempre a medio camino de la realización completa.

No obstante esto, en medio de los vaivenes descritos y otros cuantos, en medio de los estresores de los años y la edad, es fundamental tener claro el sentido de esta organización humana donde libre y voluntariamente hemos elegido estar con otra persona adulta. En el inicio del vínculo, hemos decidido libre y voluntariamente que nos gustamos física y psicológicamente lo suficiente como para emprender un camino juntos; que somos dos personas con derechos y deberes que nos declaramos mutuamente atracción y compromiso, que somos elegidos por la otra persona como objetos de su deseo y compañeros de un proyecto común.

Esta obviedad es olvidada demasiado a menudo en la vida en pareja. En ocasiones por las cargas laborales, por la crianza, por las relaciones con la familia de origen o por los problemas económicos, las parejas se olvidan de la seducción, del coqueteo, de aquello que se supone que hacen las parejas desde el inicio de los tiempos: intimidad, sexualidad (en el amplio sentido de la palabra) y complicidad. Dejar tiempo para estar a solas, para disfrutar en conjunto de la cotidianeidad, de reírse juntos, de hablar y hacer cosas de las que nadie se entere.

Es curioso el lugar de la palabra pololeo, del mapudungun pulomen, moscardón, siendo el uso "revolotear" alrededor de la persona amada en el galanteo, en el cortejo. Los chilenos sabemos que pololear es siempre revolotear alrededor de la persona amada. Revolotear para seducir, para que te perdone, para convencer, para conversar, para que se sienta bien contigo toda la vida, para que sepa que la sigues eligiendo como parte de un proyecto común y para que te siga eligiendo a ti.

La conciencia y la inversión de tiempo en esa diada que debe siempre conservar una frontera simbólica que los separe del resto del mundo -un sub-sistema con reglas propias y cargado de significados y afectos exclusivos y singulares que no son ni deben ser compartidos con otros-, son una buena ayuda para la vida en pareja y una orientación para la preparación de la agenda de este año 2016 que comienza.

 

Sitios de interés