¿Por qué ya nadie quiere ser profesor en Chile?

Contar con mejores profesores, que ingresaran a una carrera profesional que fuera motivadora para su desarrollo profesional y personal, era el espíritu que el legislador y el gobierno querían imprimirle a la creación de un sistema de desarrollo profesional docente el año 2015.

Martes 13 de abril de 2021

¿Por qué ya nadie quiere ser profesor en Chile?
Escrito por

Ana Luz Durán, decana Facultad de Ciencias de la Educación, U. San Sebastián.

Seis años más tarde, constatamos que el país no ha logrado atraer a más y mejores jóvenes que quieran ser docentes, y así lo confirma el estudio de Elige Educar (2021), que muestra una alta valoración de la profesión, con un 75%, pero menor al 77% que se percibía en 2016, cuando se promulgaba la ley. En aquel año, la perspectiva laboral era de un 32%, que aumentó hasta un peak de 41% en 2018, no obstante, este año ha vuelto a caer al mismo 32% de los inicios de la ley. En conclusión, existe menor valoración comparada e idéntica proyección en perspectiva laboral.

Esto reafirma la tendencia a la baja sostenida desde 2018, que llega a un 54% de disminución desde esa fecha hasta hoy. Por otra parte, el aumento en el puntaje de ingreso a aproximadamente 500 puntos mínimos -criterio que comparto ampliamente- no ha ido de la mano con suficientes incentivos para que los alumnos de altos resultados opten por la carrera docente.

La evaluación y revisión de esta política pública ya ha sido realizada, y lo cierto es que no podemos seguir esperando la reacción de un nuevo gobierno. La política docente es una definición que trasciende a esto, por la relevancia para el desarrollo de las generaciones -especialmente los niños, niñas y jóvenes más vulnerables-, pero también para el conjunto de la sociedad en el ejercicio del derecho a la educación.

Se requiere de un cuerpo docente que haga posible el acceso, permanencia y egreso de un sistema educativo de calidad, y lo más importante, que logre cerrar las brechas entre los diversos contextos sociales.

Hace falta un sistema que reconozca el profesionalismo de los profesores/as, se haga cargo de su valoración social y de una remuneración competitiva con otras profesiones. Ya se han establecido acuerdos en sectores de gobierno y oposición, por la relevancia de esta magna tarea.

Hoy, la remuneración promedio de un profesor en Chile con 10 años de docencia es de $1.574.000, en países como Finlandia que fue tomado como referente a la hora de discutir la actual ley, se le paga en promedio de $3.080.000; incluso en Estados Unidos, el 10% más bajo de los salarios de los maestros es de $2.309.000, con un promedio de $3.773.000 (Dept. Educación USA).

Sin duda, el sistema de desarrollo profesional docente ha sido un gran avance: se ordenó, se mejoraron los sueldos haciendo distinciones para los profesores de excelencia y se consideraron los tiempos no lectivos, entre otras cosas; sin embargo, no se ha logrado el objetivo, y hoy vemos cómo ha disminuido el número de estudiantes que postula a las pedagogías. De 14.980 a 9.904 entre 2020 y 2021, lo que corresponde a un 33% de disminución (Demre, 2021).

La formulación de políticas públicas es un proceso dinámico, donde la evaluación y los resultados son un insumo para su reformulación. Hoy vemos que esta política requiere ser modificada en dos sentidos: primero, mejorar las remuneraciones docentes, y segundo, mejorar las condiciones de su ejercicio como lineamiento para atraer a mejores alumnos. Es la única manera posible de contribuir a la valoración de la profesión docente en el estatus que Chile planteó esta política, al momento de su discusión parlamentaria.

Vea la columna en La Tercera

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