¿La soya previene las enfermedades cardiovasculares?

Investigación realizada por docentes de la carrera de Nutrición de la U. San Sebastián analizó la bibliografía científica disponible, dando cuenta que esta leguminosa de alto consumo en países asiáticos, se relaciona con una menor prevalencia de cáncer y enfermedades cardiovasculares, Sin embargo, advierte que la información que existe adolece de problemas que obligan a seguir investigando.

¿La soya previene las enfermedades cardiovasculares?

La enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte en Chile. Una de cada tres personas fallecen como consecuencia de estos males, cifra que va en ascenso debido al aumento progresivo del envejecimiento de la población. Si bien en 1990 un 26%de los chilenos moría por esta causa, hoy es un 30%. 

¿Cuáles son las enfermedades cardiovasculares más frecuentes en el país? Infarto o  ataques cardíacos, accidente cerebrovascular, hipertensión, cardiopatía e insuficiencia cardíaca. Los factores de riesgo que inciden en un mayor riesgo de padecer este tipo de patologías son: la edad (personas mayores de 65 años), colesterol alto, hipertensión arterial, tabaquismo, obesidad, diabetes, e inactividad física.

De hecho, en el país más de la mitad de los adultos presenta dos o más de cinco factores de riesgo cardiovascular. Por ejemplo, la prevalencia de hipertensión es de 26,9% según la Encuesta Nacional de Salud del 2010, 9,4% de los chilenos es diabético, un 38,5% de la población mayor de 15 años tiene el colesterol total elevado y 88,6% es sedentario.

Lamentablemente las enfermedades cardiovasculares no presentan síntomas, y se manifiestan abruptamente a través de un infarto al corazón o cerebro, es decir, cuando las opciones de tratamiento son mínimas. Por eso es muy importante la prevención, disminuir la dieta cargada de grasas, no fumar y hacer actividad física.

En ese contexto, la promoción y prevención de la enfermedad cardiovascular, a través de la dieta juega un papel predominante. Al respecto, diversas investigaciones han señalado que los alimentos ricos en ácidos grasos actúan como factor protector, particularmente la soya, de amplio consumo en países asiáticos, donde se come en promedio 20 a 50 g/día.  

Dado que existe distinto nivel de evidencia, docentes de la carrera de Nutrición y Dietética de la Universidad San Sebastián, Samuel Durán y Natalia González,  revisaron la bibliografía cientifica disponible para determinar si existe una relación entre el consumo de esta leguminosa y la aparición de estas patologías. Se parte de la presunción de que las poblaciones asiáticas  que la consumen presentan menor prevalencia de cáncer y enfermedades cardiovasculares, en comparación con poblaciones de países occidentales.

¿Mito o realidad? 

A esta leguminosa se le atribuye efectos benéficos debido a uno de sus compuestos: las isoflavonas. "La mayor parte de la atención centrada en los efectos positivos sobre la salud cardiovascular se basan en resultados provenientes de estudios clínicos que demuestran los efectos hipocolesterolémicos en individuos hipercolesterolémicos, en quienes se encontró una reducción significativa en los niveles de colesterol total, colesterol LDL y triglicéridos", señala el estudio. Además, se asignan efectos antioxidantes.

No obstante, la investigación también señala que "pese a estas evidencias, debe realizarse un análisis crítico a los resultados presentados, y acotarse que en los estudios realizados, existen aspectos metodológicos que deben ser mejorados o considerados. Por ejemplo, en algunos de estas investigaciones, que buscaron demostrar efectos positivos sobre la densidad mineral ósea, el cáncer o la salud cardiovascular, puede apreciarse escasa cantidad de sujetos participantes, en ciertos casos no presentándose el cálculo del tamaño muestral, un amplio rango de edad de las personas participantes en los estudios, a veces con tasas altas de abandono del estudio".

El informe de la USS agrega que "muchos de los estudios realizados surgen de poblaciones asiáticas, estadounidenses o europeas, con escasas investigaciones en población latinoamericana.En los grupos estudiados, se aprecia una exposición de consumo distinta de isoflavonas: en poblaciones asiáticas el consumo se inicia desde la infancia, y por periodos prolongados, mientras que en personas occidentales, este consumo generalmente se realiza por periodos cortos de intervención, y en la edad adulta. Asimismo, es distinta la biodisponibilidad de la fuente alimentaria (productos fermentados vs alimentos no fermentados), y por lo tanto, los efectos aparentes. Un aspecto sumamente importante que a veces es soslayado, es la importancia que la matriz alimentaria tiene sobre la biodisponibilidad de las isoflavonas, utilizándose en muchos de los estudios componentes purificados, no presentes en una matriz alimentaria de consumo habitual, sino como suplementos".

Durán y González conlcuyen también que "tampoco existe un consenso acerca de las cantidades de isoflavonas que los suplementos deben tener, ni un método oficial para el control de calidad de las isoflavonas contenidas en los mismos".

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