Considerar en su justa medida el test de inteligencia en la escuela

Para que el uso de este test resulte una verdadera herramienta al servicio del aprendizaje, debiera ser considerado solo un dato más, así como el estilo de enseñanza o expectativas de los docentes, el clima del aula, la cohesión del curso, la gestión de la convivencia, el nivel educacional de los padres, etc.

Lunes 20 de julio de 2015

Considerar en su justa medida el test de inteligencia en la escuela
escrito por

Daisy Contreras, Psicóloga y académica Facultad de Psicología, U. San Sebastián

Quizá ha tenido que llevar a su hijo para una evaluación intelectual con el psicólogo de la escuela o conoce de alguien cuyo hijo fue evaluado, proceso que autorizó, pero cuyo objetivo jamás conoció.
Con la masificación del psicólogo en educación, es más frecuente el psicodiagnóstico en los establecimientos, el que busca establecer la clasificación del estudiante ubicándolo en una categoría, con el fin de que la escuela ajuste su respuesta a las necesidades educativas que derivan del diagnóstico.

Generalmente el docente de aula, al observar dificultades académicas recurrentes, solicita al psicólogo que evalúe al estudiante. En Chile, este procedimiento está normado, al igual que los instrumentos para la evaluación intelectual que puede un psicólogo aplicar en contextos educativos. El instrumento más utilizado es la "Escala de Inteligencia de Wechsler para Niños" (WISC-IIIv.ch), estandarizada para la población de niños/as y jóvenes chilenos de 6 a 16 años por Ramírez y Rosas (2007). A través de 13 subpruebas, mide distintos aspectos de la inteligencia como memoria a corto y largo plazo, razonamiento lógico, cálculo mental, organización visoespacial, juicio crítico, entre otros, y determina un coeficiente intelectual. Así, aparecen niños etiquetados con inteligencia desde superior hasta discapacidad intelectual.

Si bien el diagnóstico ha permitido generar instancias de apoyo a los estudiantes, con los años ha generado más limitaciones que aportes. En primer lugar, cuando se habla de "discapacidad intelectual" se hace referencia a un déficit en la capacidad cognitiva de acuerdo a la media, no obstante, las nuevas orientaciones del Servicio Nacional de la Discapacidad (SENADIS) sugieren usar el concepto de "Persona en Situación de Discapacidad" (PsD), haciendo notar que estos niños no son incapaces por una condición individual, sino que sus respuestas al sistema escolar resultan limitadas por un contexto discapacitante que impone barreras para que despliegue sus habilidades.

En segundo lugar, dar énfasis al déficit, genera que el profesor o la escuela deleguen en el niño la responsabilidad de su fracaso escolar, restringiendo su capacidad de autocrítica. De esta manera, los bajos resultados siempre son atribuidos a las características del estudiante, y no a la metodología ni a la gestión del establecimiento. Finalmente, el rótulo del diagnóstico genera la discriminación del estudiante, a quien en muchas ocasiones se le niega la matrícula o bien es segregado para recibir apoyos de los profesionales especialistas fuera de la sala de clases por creer que requiere de un trato distinto al de sus pares, dada su "condición".

Para que el uso de estos test resulte una verdadera herramienta al servicio del aprendizaje, debiera ser considerado solo un dato más, así como el estilo de enseñanza o expectativas de los docentes, el clima del aula, la cohesión del curso, la gestión de la convivencia, el nivel educacional de los padres, etc. que permita al establecimiento hacer un diagnóstico de la situación de aprendizaje del estudiante, con el fin de identificar las necesidades, diseñar un plan de acción, implementar una estrategia para la mejora, evaluar los resultados y sobre la base de ellos, volver a diseñar nuevas estrategias.

De esta manera el psicodiagnóstico en contextos educativos cumple una función distinta a la que se le asigna en el ámbito clínico, pues debe dirigirse al desarrollo del aprendizaje y a la participación del estudiante evaluado, y analizarse en interacción con otros factores, en un ambiente siempre cambiante.

De acuerdo a esto, si su hijo es evaluado con un test de inteligencia, es necesario pedir los resultados y otros factores de la escuela y el aula que permitan dar una explicación más certera del bajo rendimiento del estudiante y evitar las desventajas del psicodiagnóstico individual en contextos educativos.

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