Estrés: un factor de riesgo de trastornos músculo esqueléticos

Con el término del año no sólo se manifiesta el estrés habitual por el ajetreo previo a Año Nuevo. La carga laboral de todo el periodo puede tener un efecto acumulativo y desencadenar trastornos músculo esqueléticos con mayor prevalencia. Ya sea debido a esfuerzos repetidos, posturas forzadas o incorrectas en los puestos de trabajo y elementos psicosociales derivados de la organización.

Viernes 28 de diciembre de 2018

Estrés: un factor de riesgo de trastornos músculo esqueléticos
Escrito por Álvaro Mociño

Las fiestas de fin de año dejan siempre algo de estrés: inventarios en algunas empresas y otras actividades de cierre o el fuerte incremento de las ventas en el caso del comercio pueden generar mayor actividad física, especialmente en la carga y descarga de productos, actividades de caja y reposición, entre otras tareas. 

Frente a este aumento brusco en la demanda de trabajo, se posibilita el riesgo de sufrir lesiones músculo esqueléticas en manos, muñecas, codos, cuello, hombros y espalda, siendo la zona lumbar una de las más afectadas. Entre todas las condiciones que aumentan el riesgo de lesión, podemos mencionar la falta de pausas y otras medidas que permitan reducir el impacto de las labores repetitivas, mayor carga física y períodos prolongados de exposición a estos factores. 

Gabriel Araya, ergónomo y académico de la Carrera de Kinesiología de la U. San Sebastián dice que los trastornos musculoesqueléticos relacionados con el trabajo tienen un origen multifactorial, es decir que pueden ocasionarse por varias causas y en algunos casos por la combinación de varios elementos, como por ejemplo la cantidad de tiempo en el trabajo, el tipo de jornada, los tiempos de recuperación, etc. 

En ese sentido, el kinesiólogo explica que este tipo de trastornos se definen “como una lesión física originada por un trauma acumulado, ya que bajo cierto contexto se produce una carga excesiva en el tejido muscular, tendinoso, ligamentoso y/o articular que puede provocar una disfunción músculo esquelética”. 

Sin embargo, el docente de la USS aclara que “no necesariamente estar en presencia de una carga laboral aumentada y/o malas posturas, el trabajador desarrollará alguno de estos trastornos musculo esqueléticos, ya que también pueden desencadenarse por movimientos bruscos, traumatismos, falta de condición física o incluso por elementos psicosociales y mentales del entorno laboral”. 

Cuando se trata de las actividades de las personas y del trabajo, Araya señala que “la patología músculo esquelética más frecuente es el dolor lumbar o mas conocido como lumbago”. 

Su prevalencia es mayor que la que tienen otro tipo de trastornos a nivel de los hombros, codos, manos y muñecas, tales como: Síndrome cervical por tensión, Tendinitis, Síndrome de hombro doloroso, Síndrome del túnel carpiano, Epicondilitis y Bursitis. 

En el caso del lumbago, el docente precisa que su relación de origen laboral se asocia “principalmente al levantamiento manual de carga, exposición a vibración y posturas inadecuadas del trabajador durante su jornada laboral. Así también, una condición psicosocial podría desencadenar una sintomatología de dolor en esa zona, no obstante, no es la razón más directa o común”. 

Recomendaciones según oficio: 

El kinesiólogo plantea varias recomendaciones para prevenir este tipo de trastornos, partiendo por “disminuir los tiempos de exposición a los agentes causantes de estas lesiones tales como las posturas mantenidas, el levantamiento de cargas pesadas, los esfuerzos repetidos o sobrecarga mental”. 

Asimismo, menciona la necesidad de “aumentar los tiempos de recuperación, es decir, establecer pausas, al menos una cada 50 minutos de jornada laboral contínua y que no requieran más de 5 minutos”. 

Lo otro que considera importante “es realizar ejercicio funcional, compensatorio y que estabilice neuromecánicamente los segmentos músculo esqueléticos involucrados. El yoga y pilates resultan ser muy efectivos. Por otro lado, darse un tiempo post trabajo para la actividad física recreativa, de a lo menos 20 o 30 minutos diarios, como salir a trotar o andar en bicicleta, pasan a ser beneficiosos para el estado de salud general de una persona”. 

Araya recalca que el ejercicio compensatorio, en relación al tipo de trabajo que tiene la persona debe ser funcional, es decir, debe ir en coherencia con la actividad que el trabajador desempeña. Sean estos cardiovasculares, de fuerza o estiramiento.  Por ejemplo, “si hay un componente repetitivo, se requiere énfasis en el ejercicio de estiramiento mediante una pausa en el trabajo. Si existe inactividad, ejercicios de fuerza asociado a resistencia podrían ayudar. De la misma forma, cuando existen trabajadores inactivos, que pasan mucho tiempo sentados y están con sobrepeso, el ejercicio adecuado es el cardiovascular”. 

El académico agrega que en el caso de administrativos u oficinistas “que pasan mucho rato sentados en un computador y con sobrecarga mental, es recomendable una pausa de no más de 5 minutos, cada 45 minutos. Aquí sería favorable realizar una rutina que comprenda trabajo de extremidad inferior, por ejemplo, caminar en un pasillo o realizar una rutina de “sentadillas” en su mismo escritorio, es decir, pararse y sentarse. Este pequeño ejercicio ayuda a trabajar la musculatura de extremidad inferior y mejora el retorno venoso”. 

Además, comenta que, “para las personas que realizan varias tareas durante el día, como mecánicos o electricistas se requieren ejercicios mixtos de fuerza y postura, además de estiramientos”. 

Por otro lado, si son obreros de la construcción o personas que se dedican a la carga y descarga de productos y que están sometidos a muchas actividades de fuerza en ambientes abiertos, “las pausas de recuperación tienen que estar orientadas a que la persona se hidrate adecuadamente y pueda complementar este tiempo con ejercicios de flexibilización y de estabilización de la columna”. 

Junto a lo anterior, el profesional destaca y advierte que muchos trabajadores utilizan una faja lumbar y en muchos casos, mal utilizada. “Porque si acumulan más de 4 horas seguidas con ella en el día, independiente de que después se la saquen, se puede generar una inactivación de la musculatura que estabiliza el tronco y originar un cuadro de dolor lumbar”.